Intentando hablar de infraestructuras

Es posible que hablar de infraestructuras no resulte lo más divertido del mundo, lo sé, pero esto responde a una propuesta de un amigo, que me reta a hablar de ello de un modo lo más ameno posible. Bien es cierto que podía haber empezado el post así: “de infraestructuras me manda escribir Chuchi, jamás me he visto en tal aprieto….”, pero quedaría demasiado pedante.

Podría intentar comparar algunos datos, como que de los 33.000 kilómetros de carreteras y autovías que tiene Castilla y León, 22.000 son responsabilidad de la Junta de Castilla y León y de las diputaciones provinciales, y que resulta latente para todos los ciudadanos que solo se nota “movimiento” en los 11.000 que controla el Ministerio de Fomento, pero quizá no resulta muy ameno.

Quizá podría uno citar un montón de ciudades que ya tienen autovía para comunicarse con todo su entorno, como es el caso de Salamanca, que ahora está unida con Cáceres, Ávila y Zamora…eso si, con autovías del Estado. Pero todo esto ya está hecho, y quizá la comodidad de la Autovía entre Zamora y Tordesillas nos haya hecho olvidar las épocas en que no estaba hecha.

Podemos citar el plan ferroviario más importante de los últimos tiempos que se ve reflejado en la mayor inversión que el Estado ha hecho en Castilla y León en toda su historia, pero tampoco es plan de meterse en ese berenjenal.

Lo que si que nos daría pena es pensar en todo lo que la Junta debía invertir y no invierte. Porque no resulta agradable que Castilla y León tiene un número de autovías de titularidad autonómica irrisorio, y porque da pena ver el estado de muchas de las carreteras que forman esos 22.000 km. Ni siquiera resulta divertido ver como todo el mundo ve caerse al heptacampeon del Tour de Francia, Lance Armstrong, en una carretera dependiente de una diputación en la que no se distingue la calzada del arcén.

Así que Chuchi, te tengo que dar la razón, no resulta divertido…pero déjame que haga un último intento:

Salgo de Monzón, por la A-67, hasta Palencia. De ahí hasta Zamora por la A-62 y la A-11para comer uno arroz a la zamorana. De ahí por la A-66 para comer un farinato en Salamanca. Y termino en Ávila comiendo un chuletón, ¿qué te parece? Es más, dentro de unos años, no muchos, podemos empalmar en AVE con Segovia, y de ahí a Ponferrada a rematar con un botillo.

Al final si que va a ser divertido!!!

 

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