Yo apoyé a Rubalcaba

Hace poco más de dos años escribí un artículo en este mismo blog en el que mostraba mi apoyo a la candidatura de Rubalcaba al 38 Congreso Federal del PSOE. Hoy soy casi dos años y medio más maduro, y me retractaría de gran parte de lo que en el escribí, sobre todo en aquello sobre la gente que le rodeaba.  Pero sí que me reafirmo en lo que se refiere a Rubalcaba como figura política, como agente político o como animal político.

Posiblemente haya pocos políticos que hayan generado tal cantidad de titulares y provocado tantos calificativos diferentes. Desde los más duros por parte de sus detractores o rivales políticos, a los más halagadores por algunos de sus compañeros y algunos, también, de esos mismos adversarios. Nunca ha dejado indiferente a nadie, y pese a que yo he sentido la necesidad de que ese tiempo se acababa, sí que creo que perdemos a alguien que estará entre los cinco  mejores políticos de este país.

Hace poco me decía mi tío, peculiar observador de la política desde sus posiciones conservadoras, que nos equivocamos si echamos a Rubalcaba: “no vais a encontrar a otro igual, es al único que se le entiende cuando habla”.  Y es que, cuando hablo del reconocimiento de todo el espectro político a sus capacidades y actitudes, esta sin lugar a dudas su capacidad dialéctica y la maravillosa pericia para dar un discurso. Hace que parezca fácil subir a un estrado y explicar lo que uno sabe y siente de tal modo que todo el mundo sea capaz de entenderte.

Ahora Rubalcaba anuncia su marcha. Y es una pena que sea así, de este modo tan poco brillante y creo que tan injusto. No creo que sea inocente de todo, su culpa tendrá, pero sí que creo que su trayectoria está muy por encima de la imagen al final de su carrera. La educación y la lucha antiterrorista como ejemplos de sus grandes logros para este país, y con la imagen que nos debemos quedar.

Pero bien dicen las madres que hay que saber escoger las compañías, y las de Alfredo para este final de trayecto no le han ayudado a lo que posiblemente era su labor, la de pilotar una transición tranquila que fortaleciese el partido. Está visto que ahí se equivocó.

Quedémonos con su capacidad, su cultura, su pasión por la política, su visión de Estado, su verbo, su incansable trabajo por el partido y su desvelo constante por el servicio público. Mi reconocimiento a quien, a buen seguro, seguirá siendo demandado por muchas agrupaciones para que los militantes sigan aprendiendo de lo que dice, y de cómo lo dice. Mi reconocimiento y gratitud a un gran gobernante, un hombre culto y un comunicador excepcional. El reconocimiento colectivo llegará un poco más tarde, aquí siembre acostumbramos a eso.

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