Democracia real…con líderes

Un día mi padre intentaba montar una estantería, no le quedaba recta, o al menos a mi me lo parecía y así se lo dije. Él me decía que tal y como estaba hecha no se podía obtener otro resultado, que era su diseño imperfecto, y que me gustase o no era como él lo podía montar. Entonces decidí hacerlo yo, deshice el trabajo hecho, y volví a montarlo de la manera que yo creía que lo podía hacer. La estantería volvió a quedar igual, era como estaba diseñada, y es que era tan innovadora y moderna, que tenía sus imperfecciones.

Unos años después de eso, ocurrió algo muy parecido. Una importante masa de gente, azotada por muchos problemas derivados de la crisis económica en ese momento, miraron con la cabeza torcida a la democracia y dijeron que no estaba bien montada, que quedaba un poco imperfecta. Efectivamente, tenía ciertas vías abiertas por donde más se veía, pero durante años había mostrados su solidez. [La estantería tampoco se cayó nunca, ni un solo libro]. Todos esos –llamémosles indignados- decidieron volver a montar la estantería, digo…la democracía, y tras intentar hacerlo a su manera, volvieron a dar con un microsistema democrático exactamente igual que el que intentaron enmendar.

Los líderes, la intermediación, y la burocracia, son indispensables para que un sistema y una sociedad funcionen. En el artículo aparecido en El País el pasado 27 de junio, Antonio López, Catedrático de Trabajo Social de la UNED, asegura que “No hay una democracia real más allá de la formal, porque no existe otra forma de organizarse. El sueño de una democracia anárquica, sin intermediarios, no es realizable”.

Estoy completamente de acuerdo con ello porque estoy convencido de que entra dentro de la propia naturaleza del ser humano, necesitamos líderes que tomen decisiones cuando son difíciles, para criticarlos por un lado, y para sentirnos más seguros por el otro. Quien es capaz de recoger nuestro estado de ánimo, es capaz de representarnos con un gran margen de confianza. Antonio López dice en el mismo artículo que  “Si nos fuésemos a una isla desierta pronto se reproducirían los mismos procesos de estratificación que se dan en nuestra sociedad, con unos grupos de exclusión y otros de liderazgo”.

Porque si pensamos que la participación continua es eficiente, vemos palabras como las de Jon Aguirre Such, miembro de Democracia Real Ya, en que asegura que “Internet ha llegado a los móviles y ya se pueden realizar trámites administrativos en línea. No faltan canales ni herramientas, lo que necesitamos es voluntad política, porque ya hay empresas como Paisaje Transversal que están trabajando en un software para promover la participación ciudadana. Sería tan fácil como que el Congreso enviase por mensaje de texto las resoluciones que se van a votar y que los ciudadanos respondiéramos con un sí o un no inmediato”. Me parece bastante ingenuo pensar que la democracia puede funcionar así.

Puede que nuestro sistema democrático no sea perfecto, o que sea imperfecto por definición, pero es el mejor con el que nos podemos dotar. Obviamente admite mejoras, pero hay que ser pragmático, práctico y sobre todo, garantizar que la participación (mayor o menor) sea segura y tenida en cuenta. Por ahora, participar en las elecciones es una garantía de que todos los votos valen lo mismo, y aún así hay quien no lo usa. Eso no ocurre en las comisiones y asambleas celebradas en sol, donde no todo el mundo puede participar. ¡Vaya! empezamos a estratificar de nuevo.

En otro post dedicaré un espacio a hablar de las propuestas del Movimiento 15-M, entre las que encuentro algunas interesantes…

 

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